Documentos en la categoría "Cuentos de Rubem Alves, Brasil"

El médico en busca del ser humano

Antiguamente la simple presencia del médico irradiaba vida. Antiguamente los médicos eran también hechiceros. "Maestro, di una sola palabra y mi hija estará curada...". La vida circulaba alrededor de las relaciones de afecto que unía al médico con quienes lo rodeaban. En aquel tiempo los médicos sabían de estas cosas. Hoy ya no lo saben.

Veo aquel médico al lado de niña: ¿no se parece a un caballero solitario que va a luchar contra la muerte solito? En aquel tiempo los médicos sabían cual era su destino. Había mucho sufrimiento, sí. Había mucho miedo, sí. Miedo y sufrimiento son parte de la sustancia de la vida. Pero nunca supe de un médico que se estresara. No son las batallas las que producen el estrés. Las batallas, al contrario, dan cohesión, pureza, integración al cuerpo y al alma. El caballero solitario es un héroe con el cuerpo cubierto de cicatrices pero con el alma entera. Los estresados son aquellos que, sin trabar una batalla, son empujados a todas partes por una legión de demonios.

Los ojos y la edad

Claude Monet era capaz de pasar el día entero en el campo, desde la mañana hasta el anochecer, pintando continuamente lienzos del mismo monte de heno. Puedo imaginar que algún campesino que, al final del día le preguntase las razones para pintar tantas veces el mismo monte de heno. Y Monet le respondería: "Para las vacas, es cierto que el heno es el mismo, porque ellas desconocen el gusto de la luz. Pero para mí que soy pintor, la luz es algo mágico, que va transformando las cosas con el poder de los tonos. Un monte de heno bajo la luz de la mañana no es el mismo que bajo la luz del crepúsculo."

Un monte de heno, esa cosa que permanece ahí mismo a través del tiempo, no existía para Monet. Lo que existía era el "momento" único, efímero, que tenía que ser comido por los ojos en el mismo instante de su aparición, porque luego desaparecería.

Un sicoanalista sensible al arte diría que los lienzos de Monet son la superficie de un rancho, donde la propia vida del artista aparece reflejada, como monte de heno, como fachada de la catedral de Rouen o como lirios acuáticos...

Y los viejos se apasionarán de nuevo

Amor de juventud es bonito pero no es de sorprender, joven al mismo tiempo que se apasiona. Romeo y Julieta es aquello que todo el mundo considera normal, pero el amor en la vejez nos da miedo porque nos revela que el corazón no envejece nunca, podemos morir, pero morimos jóvenes "el amor recompensado siempre rejuvenece" decía Eliot con el vigor y pasión a los 70 años...

Está ahí, en "El amor en los tiempos del cólera" de Gabriel García Márquez, quien no lo ha leído está perdiendo una experiencia única de felicidad... era Florentino Ariza, un muchacho que se apasionó por Firmina Dazza, adolescente, amor temprano y vulnerable solo de lejos, la muchacha era vigilada, las cartas y promesas de amor intercambiados en lugares escondidos y en todo la promesa de felicidad de un abrazo algún día. Pero en los tiempos del cólera las cosas eran diferentes y el padre de Firmina le arreglo el matrimonio con el doctor Urbino, ilustre y próspero médico del lugar. Pobre Florentino, destrozado por la pasión inútil, de ahí en delante viviendo en la esperanza loca de que algún día, no importara cuando Firmina sería suya. Fueron 51 años de espera hasta que el milagro aconteció, el doctor Urbino sin darse cuenta de que el tiempo pasaba, subió a una silla de equilibrio inestable para atrapar a un loro que había escapado de su jaula y se posó en lo alto de la rama del palo de mango. Ahí quedo, fue inesperado y fatal, quedo el doctor Urbino inmóvil en el suelo y roto del cuello. Entonces comenzó después de los tiempos de luto la historia más bonita de amor entre dos viejos, amor de vista y de palabra, de deleite en los deleites del cuerpo.

Desaprendiendo

Pero Dios escogió aquello que en el mundo es loco, hasta las mismas cosas que no son, para reducir a la nada las cosas que son. (1Cor 1,27-28)

A una silenciosa araña paciente, como un pequeño premonitorio, la noté que estaba aislada,
la noté como exploraba el vasto vacío que la rodeaba;
iba jugando hilo, hilo, hilo
que ella misma jalaba
soltándolos cada vez más,
incansable, haciéndolos siempre correr.
Y tu, alma mía, donde estás cercada,
separada, en océanos de espacio sin medida,
sin interrupción (vas) sopesando, arriesgando, jugando,
en busca de esferas para ligarlas hasta que esté construido
el puente que vas a necesitar,
hasta que esté segura el ancla dúctil, hasta que el hilo de la tela
que vas lanzando se prenda en algún lugar, ¡Oh, alma mía!
Walt Whitman

Una araña hizo su tela al lado de mi escritorio. La descubrí ayer y, junto con mi basura, traté de deshacerme de ella. Las telas de araña son señales de descanso y no quería que la gente que me visita piense mal de mi. Pero hoy se volvió a poner en el mismo lugar. Durante la noche rehizo su tela. Pienso que le gustó el lugar, me perdonó y confía en mi comprensión. Entendí. Y decidí que va a ser mi compañera.

Como nació la alegría

El mundo de los niños no es tan risueño como se piensa. Hay miedos confusos y difusos; tenemos la experiencia de las pérdidas: animales, cosas, personas que se van y no regresan... Lo obscuro de la noche: el mundo entero se ausentó. ¿Volverá?

A los adultos esto no les agrada e inventan cuentos de niños y niñas donde hay sólo sonrisas. Tal vez para convencerse a sí mismos de que su infancia fue feliz...

La vida lidia con algo que duele mucho: y no es la diferencia en sí misma, sino el aire de espanto que el niño percibe en los ojos de los demás. Dicen los poemas sagrados que después de la primera caída, los ojos fueron la primera parte del cuerpo que fue envenenada. De órganos de cariño, los ojos, se transformaron en feroces. Hombres y mujeres descubrieron el embarazo de la diferencia y se escondieron... El miedo a los demás es un sentimiento universal. A todos nos gustan los ojos mansos...

En esta historia diferencia no se resuelve de forma exitosa, como sucede en la historia del Patito Feo. Lo que cambia no es la diferencia, son los ojos...

A fábula do águia e a galinha

Era uma vez um camponês que foi ao bosque próximo a atrapar algum pássaro com o fim de tê-lo cativo em sua casa. Conseguiu atrapar um aguilucho. Colocou-o no galinheiro junto as galinhas. Cresceu como uma galinha.

Depois de cinco anos, esse homem recebeu em sua casa a visita de um naturalista. Ao passar pelo jardim, diz o naturalista: "Esse pássaro que está aí, não é uma galinha. É um águia."

"De fato", disse o homem. "É um águia. Mas eu a criei como galinha. Já não é um águia. É uma galinha como as outras.

"Não, respondeu o naturalista". Ela é e será sempre um águia. Pois tem o coração de um águia. Este coração a fará um dia voar as alturas".

La fábula del águila y la gallina

La globalización representa una nueva etapa en el proceso de cosmogénesis y de antropogénesis. Tenemos que entrar en ella. No de la manera que las potencias controladas del mercado mundial quieren –mercado competitivo y nada cooperativo-, solamente interesadas en nuestras riquezas materiales, reduciéndonos a meros consumidores.

Nosotros queremos entrar soberanos y conscientes de nuestra posible contribución ecológica, multicultural y espiritual.

Se percibe un desmesurado entusiasmo del actual gobierno por la globalización. El presidente habla de ellas sin los matices que situarían con la debida luz nuestra singularidad. Posee capacidad para ser una voz propia y no eco de la voz de los otros.

El flautista mágico

Muchos y muchos años atrás, al otro lado del mar, había un país diferente; tenía un sol como ninguno otro. A ese sol le gustaba al música... y le gustaba tanto, que si el pueblo allá abajo, no tocase música, para pedir que el sol se despertara, éste continuaba dormido. No salía de su sueño y el día no amanecía.

Todo mundo sabía de esto. Y por eso muy tempranito, antes de tomar el café, los despertadores del sol subían a lo alto de la colina en procesión y, desde arriba, mirando al horizonte, tocaban sus instrumentos. Eran violines, guitarras, violas, cavaquiños, flautas, panderos, cuicas, berimbaus y acordeones. Aquella música iba hasta los escondrijos del sol, después del mar; él se despertaba y sonreía feliz, pensando que todos gustaban de él... y muy despacito, mostraba su rostro rojo y sonriente en la superficie de las olas, allá lejos, en el horizonte.

Lagartijas y dinosaurios

Muchos... hace muchos años, las lagartijas vivían en el bosque. Sus colores eran muy variados: blancos, negros, rojos, amarillos.

Pero en una cosa eran iguales: todas eran pequeñas, eso era bueno.

Cualquier hueco del árbol les servia de abrigo.

Cualquier pedazo de hoja o cualquier mosca les bastaba para comer.

No les faltaba abrigo, no les faltaba comida.

Ser pequeño tiene sus ventajas, se sobrevive con poca cosa.

La libélula y la tortuga

Una libélula recién nacida que flotaba con sus alas sobre el agua transparente del riachuelo, vio, inmóvil, sobre una piedra, a una tortuga que tomaba un baño de sol.

Espantada, ante esa cosa tan extraña, se posó sobre una flor de alelhí para ver mejor.

La tortuga pensando que la libélula estaba admirándola, le dirigió la palabra:

-Entonces, ¿buscas modelos que imitar?

La libélula dio un salto, asustada. Nunca había oído un sonido tan grave y tan pastoso.

-Pensé que usted estaba muerta, de tan inmóvil. Dijo en tono de disculpa.

-Tú tienes mucho que aprender. Dijo la tortuga con voz magistral.

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